"Un buen periódico es una nación hablándose a sí misma"
Arthur Miller. Dramaturgo y guionista estadounidense (1915-2005)

9 de febrero de 2014

La Casa Real por buen camino

La asistencia de una Infanta de España al Juzgado para declarar ante el juez en calidad de imputada, concitó ayer la atención mediática de la prensa de medio mundo y de la sociedad en general por lo insólito del hecho.

Medios, oportunistas políticos y público en general tomaron posiciones en las inmediaciones del Juzgado número 3 de Palma de Mallorca para curiosear, insultar, criticar o presentar sus reivindicaciones. El variopinto público presente iba desde republicanos en cantidad más bien exigua, hasta colectivos gays, pasando por ecologistas, trabajadores de Coca-Cola, antifranquistas, independentistas catalanes, defensores de los perros y de los jueces Garzón, Elpidio José Silva o el propio juez Castro.

Todos a la espera de recibir la carnaza en forma de imagen de Doña Cristina entrando en el Juzgado para comparecer ante el juez en una instantánea que hoy da la vuelta al mundo, se retuitea una y mil veces y hace hervir las redes sociales.

Una imagen donde analizar hasta la extenuación los gestos, el vestuario o el peinado para alimentar la bestia mediática y popular más interesada en ver a la Infanta padecer esa “pena del telediario” que incrementa el daño a su imagen y reputación, que en lo verdaderamente importante, que era conocer su versión de los hechos, aunque a estas alturas esto ya no importe porque ha sido juzgada y condenada socialmente y es irrecuperable para volver a representar a la Corona. Su imagen y reputación han sufrido un devastador desgaste que tardará mucho en recuperarse, si es que alguna vez lo consigue.

Pero la Infanta ayer mejoró su comportamiento, lejos de los errores que tanto ella como la Casa Real han cometido en el pasado en la gestión de esta grave crisis que les afecta.

Doña Cristina llegó al Juzgado de acuerdo a lo que la seguridad de su persona permitió, pues si la Policía no hubiera puesto reparo alguno, bien podría haber descendido a pie la famosa rampa, tal y como reclaman algunos que denuncian trato de favor hacia su persona, pero olvidando no sabemos si intencionadamente, que ella no es una persona más, es una Infanta de España y como tal, moleste o no, guste o no, debe tener un trato diferenciado y su seguridad debe estar garantizada. Es su estatus. No fue un privilegio, fue responsabilidad.

Llegó peinada como siempre, ligeramente maquillada y vestida de manera sobria con una chaqueta de terciopelo azul marino, una blusa blanca, unos pantalones azules, botines y bolso negros.

Al descender del vehículo que paró unos metros antes de llegar a la entrada sonrió, dio los buenos días a los presentes y recorrió los escasos metros hasta la puerta haciendo el “paseíllo”, mientras posaba la mirada sobre periodistas y cámaras para que pudieron fotografiarla y grabarla sin problemas.

Doña Cristina acertó plenamente con este modo de actuar y habló a través del gesto. Sonrió, no miró al suelo, caminó tranquilamente y no rehuyó la visión directa a las personas y periodistas allí presentes, con el objetivo de transmitir el mensaje de naturalidad a pesar de lo excepcional del acto, pero además transmitió normalidad, transparencia, seguridad y serenidad.

En definitiva, se comportó públicamente tal y como viene haciéndolo toda su vida como Infanta de España que es, y la escenografía fue la de un acto oficial, por más que ahora, tertulianos, políticos, periodistas y expertos en imagen, se dediquen a analizar lo ocurrido y tengamos opiniones más o menos autorizadas para todos los gustos.

Desde el punto de vista de la gestión de la comunicación Doña Cristina y la Casa Real acertaron con la puesta en escena de ayer, e independientemente de cómo se desarrollen los acontecimientos, confiemos en que sea el inicio de una corregida y mejorada política de comunicación para gestionar la peor crisis que ha sufrido la Corona desde la restauración de la Monarquía. Parece que la Casa Real va por buen camino.