"Un buen periódico es una nación hablándose a sí misma"
Arthur Miller. Dramaturgo y guionista estadounidense (1915-2005)

25 de noviembre de 2009

En el caso "Alakrana", el Gobierno tocado y hundido


Ya finalizado el secuestro del atunero “Alakrana” por parte de piratas somalíes, es conveniente y didáctico realizar un análisis, aunque breve, de algunos aspectos de la gestión de comunicación que ha llevado a cabo el Gobierno durante este suceso.

Sólo así será posible saber si la actuación gubernamental se ha ajustado a lo que debe ser una gestión correcta de la misma, de acuerdo a los parámetros que una buena estrategia de comunicación debe reunir para poder hacer frente de manera satisfactoria a sucesos graves e inesperados.

Para ello vamos a basarnos en algunos de los principios esenciales en los que debe asentarse cualquier estrategia de gestión de comunicación en momentos de crisis, que en el caso que nos ocupa han brillado por su ausencia tal y como vemos a continuación:

- ANTICIPARSE A LOS ACONTECIMIENTOS. El Gobierno siempre fue detrás de los acontecimientos y de su trascendencia. Hasta que los piratas amenazaron de muerte a los tripulantes y las familias hicieron entonces desesperados llamamientos de ayuda, el Ejecutivo estuvo prácticamente ausente del escenario. Zapatero tardó por ejemplo 40 días en recibir a las esposas y hermanas de los secuestrados.

- DISPONER DE ARGUMENTARIOS Y ESTRATEGIAS ADECUADAS. De la Vega, Chacón, Moratinos o Caamaño han estado durante la crisis lanzando mensajes diferentes y contradictorios. El ministro de Exteriores desmintió a su colega de Defensa, al decir que ningún tripulante había salido del barco cuando poco antes Carme Chacón había declarado que sabía con exactitud donde habían sido trasladados los marineros desembarcados.

- DECIR SIEMPRE LA VERDAD Y NO OCULTAR INFORMACIÓN. Si bien es cierto que en situaciones delicadas como esta tiene que haber algún control en la información para no perjudicar las negociaciones, no lo es menos que un Gobierno debe informar siempre, sin parapetarse tras el “sentido de Estado” y no pedir a los medios de comunicación que de un modo u otro se autocensuren para evitar pretendidos perjuicios al caso. Sin los periodistas, la opinión pública no habría escuchado al patrón del buque desmentir supuestos disparos en el momento de la liberación, las conversaciones telefónicas entre familiares y secuestrados, o conocer las demandas de los piratas a las autoridades.

- EVITAR LA SENSACIÓN DE IMPROVISACIÓN Y FALTA DE CONTROL. Si la improvisación en general es mala, lo es de manera especial en el ámbito político. Hay que actuar con rapidez para controlar la situación y no transmitir una sensación de desdén o dejadez. En el momento álgido de la crisis Zapatero se ausentó de España, lo mismo que De la Vega de viaje en Argentina, mientras Caamaño, ministro de Justicia, hacia declaraciones sobre las andanzas de los dos piratas traídos a España y polemizaba con los tribunales, que a su vez se pasaban unos a otros a los dos detenidos para ver de quien eran competencia.

- DAR SIEMPRE LA CARA Y ASUMIR RESPONSABILIDADES. El presidente del Gobierno estuvo prácticamente ausente durante gran parte de los días que duró el secuestro, mientras que la ministra Carme Chacón al principio responsabilizó de la situación al patrón del barco, para después esconderse tras los jefes del Ejército a la hora de explicar lo ocurrido. Por su parte, la ministra de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino, Elena Espinosa, estuvo prácticamente desaparecida.

En resumen, estos son algunos de los principios básicos de la comunicación de crisis que el Gobierno ha ignorado o no ha sabido poner en práctica a la hora de gestionar la situación del “Alakrana”. La improvisación, la precipitación, la confusión o la descoordinación han sido en cambio protagonistas durante los 47 días de secuestro.

La falta de una estrategia efectiva y planificada de la comunicación por parte del Ejecutivo, supuso en la práctica la perdida del monopolio en la comunicación con los secuestradores y de la información a los familiares y ciudadanos. Comunicación e información que tuvieron y ofrecieron los periodistas. Eran ellos los que hablaban con el barco, con los piratas y los que contaban lo que realmente pasaba, que muy poco tenía que ver con lo que emanaba de los portavoces de Moncloa y de los ministerios implicados.

La sensación que ha quedado en la opinión pública tras la gestión de este caso es que el Gobierno de Rodríguez Zapatero ha hecho más bien poco, que la situación le desbordaba y que no había ni firmeza, ni fiabilidad, ni estrategia, ni responsabilidad, ni preparación entre los responsables del Ejecutivo. Elementos estos esenciales en la comunicación y más si es de naturaleza política.

Parece que años después de la pésima gestión de la comunicación que se hizo en el caso del “Prestige”, la lección sigue sin aprenderse. En el caso del "Alakrana" el Gobierno ha sido tocado y hundido.